Semenya al orden. La imposición de roles, la destrucción de modelos alternativos de ser mujer

En una entrega anterior ( Cuerpos olímpicos. ¿dónde están los límites del sexo?) hemos descrito la situación de Caster Semenya, la corredora sudafricana cuya condición de mujer fue cuestionada a raíz de su rotundo éxito en recientes competencias regionales e internacionales (2008 Commonwealth Youth Games, 2009 African Junior Championships y el Campeonato Mundial de Atletismo de Berlín del 2009) imponiendo la mejor marca del año para los 800 metros planos.

Antes de estos sucesos nadie se había cuestionado si Semenya era o no mujer, si se ajustaba a los cánones femeninos o no, nadie había intentado auscultar entre sus piernas, ni indagado por una “verdadera” identidad. Hasta ese momento habían asumido simplemente que era una mujer, como ella lo manifestaba y como había vivido toda su vida. Pero cuando derrotó a otras competidoras sin dejar el alma en el juego, cuando ganó con ventaja la competencia e impuso un nuevo récord mundial de velocidad, entonces una sospecha surgió y se instaló en los miembros de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) y en la sociedad en general, porque les pareció extraño, dudoso, que una mujer logre tan altas cuotas de éxito. Y esto porque subyace el prejuicio y la discriminación sobre las mujeres, sobre su incapacidad, su debilidad y su inferioridad física y mental respecto del sujeto privilegiado de nuestro sistema: el hombre. A su vez surgió una dura crítica sobre la falta de “feminidad” de Semenya, que es la mascarada bajo la cual se pone en duda su identidad y que oculta un profundo sentido de marginación y hasta de racismo, como han manifestado distintas voces.

Y por tanto, de este modo se está dejando en claro que hay normas, estrictas y fijas, sobre lo que debe ser un hombre y una mujer, sobre cómo debe verse, cómo debe actuar, cómo debe ser; roles de género que no son simples referencias, sino mandatos que rechazan cualquier identidad que esté en los límites, entre líneas, en la ambigüedad, en la indeterminación o en flagrante rebeldía.

Y es así que Semenya ha padecido una presión internacional para cambiar su aspecto, para hacerlo femenino en el sentido que las normas sociales lo imponen, lo demandan, lo exigen y lo fuerzan. Sobre todo porque ser la estrella del atletismo implica reuniones sociales, apariciones en televisión, reportajes y un sin fin de actividades en las que tiene que dar la cara, y el ejemplo de lo que una mujer debe ser no correspondía con su anterior figura. Cabría aquí mencionar que la figura de Semenya es la de cualquier atleta que se dedica al desarrollo de su cuerpo y que por tanto pasa la mayor parte del tiempo en la pista, en el gimnasio, entrenándose. Pero se le vuelve una mujer con el cabello alborotado, con vestidos que muestran sus contorneadas piernas, con joyas y maquillaje y de este modo parece quererse decir que, pues, la mujer sigue siendo en esencia todo un conjunto de aditamentos de belleza para el solaz y el regocijo masculino. Este ordenamiento no es tan estricto en el caso de los íconos masculinos, pues ellos salen en sus ropas deportivas, en sus uniformes, en aquello que corresponde a la actividad que realizan, pero que en Semenya es visto como contraproducente.

Lamentamos esta vuelva al orden que se ha exigido e impuesto a Semenya, la pérdida de una posibilidad de vivir la feminidad y la masculinidad desde otros parámetros, transgrediendo y poniendo en cuestión los roles imperantes. Lamentamos que se encasille siempre a la mujer en su ser, exhibirse, agradar a los otros y, sobre todo, el cuestionamiento al binarismo sexual y de género que su presencia en la escena pública avizoraba. Lamentamos sobre manera que no se deje ser a Semenya como ella quiere ser.

Fuente:
http://www.taringa.net/posts/noticias/3359792/Semeya-Descubre-el-nuevo-Look-de-la-Atleta.html


El Secretariado Trans Mundial se ha formado para enlazar a todos los grupos de activistas que buscan la igualdad de derechos y oportunidades para las personas transgéneros, transexuales, travestis e intersexuales.

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